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La nueva agricultura necesita de un insumo diferente
(Borrador para discusión - Sin revisión del español)
Polan Lacki

Oficial Principal de Educación y Extensión Agrícola
SDRE, C-612
FAO Roma , Italia
Tel 39 06 57055886
Fax 39 06 57055246

Resumen ejecutivo
Este artículo hace los siguientes planteamientos:

• Que es posible desmitificar la complejidad de la problemática rural, porque en muchos casos ella es más aparente que real.
• Que es posible simplificar la solución de los problemas de los agricultores, porque gran parte de ellos pueden ser resueltos a través de medidas sencillas y de muy bajo costo.
• Que para ello se requiere de un insumo, que jamás podría haber faltado a los productores rurales: un asesoramiento técnico-empresarial con real capacidad de corregir los errores que cometen los agricultores y de ayudarlos a hacer una agricultura mucho más eficiente.
• Que para disponer de este asesoramiento se requiere de medidas, también bastante elementales y de bajo costo, que están al alcance de los gobiernos más empobrecidos y desfinanciados.
• Que después de contar con este "eficientizador" de la agricultura, los factores de desarrollo rural que aparentemente eran imprescindibles (créditos, subsidios, etc.) pasarán a ser prescindibles, poco relevantes y hasta innecesarios.

Muchos agricultores latinoamericanos aún siguen creyendo que, para solucionar sus problemas económicos, necesitan que los gobiernos les otorguen créditos y renegocien sus deudas, garanticen la comercialización de sus cosechas, reduzcan la carga tributaria y el precio de los peajes, incrementen el valor del dólar, otorguen subsidios y establezcan barreras a las importaciones de productos agrícolas.

Siguen haciéndolo porque aún no se dieron cuenta de que estas medidas no son factibles de ser llevadas a la práctica, ni son eficaces en la solución de sus problemas. Las razones para esta afirmación, de aparente escepticismo, son las siguientes:

1a. Los endeudados y debilitados gobiernos de esta región no están en condiciones de concederles estas ayudas, aunque quisiesen hacerlo; asimismo enfrentan enormes dificultades para impedir que los países ricos sigan subsidiando y protegiendo a sus agricultores. Prueba de ello es el hecho concreto de que estas reivindicaciones que los productores rurales han venido haciendo, durante tantas décadas, aún no están produciendo los resultados esperados. Este decepcionante antecedente indica que la estrategia adoptada por los agricultores (de solicitar soluciones externas a sus problemas) necesita ser urgentemente replanteada.

2a. Aunque fuesen factibles, dichas medidas no serían eficaces ni suficientes, a menos que los productores rurales eliminasen las causas más inmediatas de su falta de rentabilidad, que son las siguientes:

1a causa: como regla general ellos se hacen cargo exclusivamente de la etapa pobre del negocio agrícola, que es la etapa de producción propiamente tal. Las actividades de la etapa rica (fabricación y reventa de insumos, acopio, procesamiento para incorporar valor y comercialización de las cosechas) son realizadas por otros agentes del agribusiness, aunque algunas de éstas podrian ser ejecutadas por los propios agricultores si ellos se agrupasen para hacerlo. La etapa pobre exige mucho trabajo, expone a permanentes riesgos y genera pocas ganancias; en la etapa rica ocurre exactamente lo contrario. Consecuentemente los productores rurales ya ''pierden la carrera antes de empezarla'', porque regalan, a veces sin necesidad, gran parte de la crema del agronegocio a quienes les venden los insumos y a quienes adquiren, industrializan y comercializan sus cosechas.

2a causa: además de encargarse apenas de la referida etapa pobre, muchos agricultores la ejecutan con marcadas ineficiencias, tal como lo comprueban los bajísimos rendimientos promedio de la agricultura y ganadería latinoamericana.

Estas dos distorsiones están tan generalizadas en la agricultura latinoamericana que, a pesar de ser muy dañinas para la economía de los agricultores, son consideradas por ellos como normales y aceptables; a tal punto que muchos productores rurales ni siquiera se dan cuenta, que la falta de rentabilidad es provocada por ellos mismos, al adoptar los siguientes procedimientos:

• Sus costos unitarios de producción son innecesariamente altos en virtud de los bajos rendimientos promedio que obtienen por unidad de tierra y de animal y de los altos precios que, debido a su individualismo, pagan en la adquisición de los insumos y en la realización de varias inversiones sobredimensionadas, que no deberían hacerlas en forma individual.

• Los precios de venta de sus cosechas son innecesariamente bajos porque, otra vez por no practicar la asociatividad, los productores comercializan sus cosechas en forma individual, sin agregarles ningún valor y con el primer eslabón de intermediación, directamente en sus fincas.

Como se puede constatar, las causas más inmediatas de la falta de rentabilidad empiezan en las propias fincas y comunidades rurales.

Estos antecedentes ilustran que los agricultores son víctimas de sus propias ineficiencias de producción, administración rural y comercialización. Al contrario de lo que suele afirmarse, muchos de sus problemas tienen su origen en la falta de conocimientos técnico-gerenciales y de organización empresarial y no tanto en la falta de políticas crediticias, cambiarias, arancelarias e impositivas.

Este es el problema de fondo que deberemos tener la humildad de reconocer; y luego de ello enfrentarlo con realismo, objetividad y profesionalismo; porque las ineficiencias provocadas por la falta de conocimientos deberán ser corregidas con capacitación y no premiadas con subsidios. Lo anterior no significa que los agricultores no tienen razón en criticar:

• a los intermediarios, agroindustriales e hipermercados, porque muchos de éstos les imponen condiciones verdaderamente crueles en la adquisición de sus cosechas;
• a sus propios gobiernos porque no los protegen ni los subsidian;
• a los gobiernos de los países desarrollados que hacen un doble discurso y practican una competencia desleal en los mercados internacionales, etc.

Sin embargo, seamos realistas, en las últimas décadas sus quejas y protestas no han producido ningún resultado concreto. Por lo tanto, ellos necesitan reemplazar sus críticas y quejas por una actitud más constructiva, a través de la cual ellos mismos se encarguen de solucionar sus problemas, porque éstos dificilmente serán resueltos por sus gobiernos y mucho menos por los grupos económicos que actúan en las cadenas agroalimentarias; dichos grupos económicos han sido creados para ganar dinero y no para solucionar los problemas de los productores rurales.
Frente a esta realidad, serán los propios agricultores quienes tendrán que corregir sus ineficiencias productivas; asimismo tendrán que organizarse en grupos para asumir la ejecución de algunas actividades de la etapa rica del agronegocio, en vez de actuar exclusivamente en la etapa pobre. Esta es la alternativa más realista para que ellos puedan apropiarse del fruto de su trabajo. Afortunadamente podrán hacerlo, porque son exactamente estas distorsiones, corregibles por ellos mismos, las principales causas eliminables de la falta de rentabilidad y competitividad de la agricultura.

Y si todo lo anterior parece ser tan claro y fácil de ser solucionado:
• ¿por qué las familias rurales aún no están capacitadas para corregir sus ineficiencias productivas y por qué no están organizadas en grupos para comprar insumos, incorporar valor a las cosechas y comercializarlas en conjunto, en vez de seguir ejecutando todas estas actividades en forma individual?

• ¿cómo explicar la persistencia de estas distorsiones tan elementales si en América Latina existen decenas de miles de extensionistas y promotores del desarrollo rural que, con mucha dedicación, han estado actuando en los más diversificados Servicios de Asistencia Técnica y Extensión Rural - SATER - máxime si se considera que éstos fueron creados exactamente para corregir dichas ineficiencias y distorsiones?

• ¿cómo explicarlo si durante más de 50 años estos servicios han pasado por permanentes reestructuraciones, con el propósito de mejorar su eficacia, y han aplicado las más variadas políticas, estrategias, enfoques y modelos de extensión rural?

Ello ocurrió y sigue ocurriendo, entre otras razones, porque tales reestructuraciones han subestimado e ignorado tres debilidades que jamás podrían haber sido subestimadas o ignoradas: porque son ellas las verdaderas y más profundas causas de los modestos resultados obtenidos por los SATER:

1a. Que el extensionista no está preparado para solucionar los problemas de los agricultores afectados por restricciones físico-productivas y por la escasez de recursos financieros; adversidad que, dicho sea de paso, afecta a la mayoría absoluta de los productores rurales de América Latina.

2a. Que el SATER no proporciona las condiciones mínimas para que el agente de extensión permanezca permanentemente (la redundancia es intencional) en el campo y dedicado exclusivamente a sus labores educativas.

3a. Que el extensionista no utiliza, plena y racionalmente, los más eficaces métodos y medios de extensión rural.

Estas son las debilidades que, desde hace varias décadas, están produciendo un enorme daño a la eficacia y eficiencia de los SATER y que consecuentemente deberían constituir la prioridad de cualquier reforma de la extensión rural.
Sin embargo, las múltiples reestructuraciones efectuadas en las últimas décadas quedaron inconclusas, porque se restringieron a los aspectos teóricos y conceptuales de lo que ocurre en las cúpulas institucionales e ignoraron el verdadero problema que son las crónicas debilidades técnicas, metodológicas y operativas que ocurren a nivel de las agencias locales de extensión rural. Es decir, las reformas no eliminaron las debilidades que deberían eliminar y no llegaron adonde deberían llegar. Entre otras razones, porque no involucraron en ellas a los principales actores del desarrollo agrícola y rural (extensionistas de terreno y agricultores) y no lograron descentralizar la toma de decisiones hasta el nivel en el cual los problemas ocurren.
Después de cada reestructuración los extensionistas locales siguieron haciendo prácticamente lo mismo que hacían antes de la reforma, sin cambiar sus procedimientos técnico-metodológicos ni sus actitudes.

Corrigiendo apenas estas tres debilidades los SATER estarán en condiciones de promover una profunda transformación en el desempeño de los agricultores, aunque los gobiernos sigan sin otorgarles los créditos, los subsidios ni las garantías de comercialización, que ellos tanto reivindican. En sentido contrario, mientras estas tres debilidades no sean corregidas no tiene mucho sentido seguir:

• formulando sofisticadas teorías académicas sobre políticas, estrategias, enfoques y modelos de extensión rural

• reformulando organigramas y flujogramas institucionales

• incluyendo temas de moda en sus programas o dando nombres nuevos a los problemas antiguos.

Porque el problema no está tanto en las políticas, en los modelos o en los enfoques, sino que en la inadecuada capacitación técnica y metodológica de los extensionistas (no por culpa de ellos evidentemente) y en la falta de agilidad operativa de los SATER para proporcionarles las condiciones de permanencia en el campo y dedicados exclusivamente a capacitar y a organizar a las familias rurales.

A. El extensionista no está preparado para enfrentar la realidad concreta de los agricultores, tal como ella es. La reducción o eliminación de los servicios estatales de apoyo al sector agropecuario ha creado una nueva realidad en el campo; éste está requeriendo de un extensionista con visión ejecutivo-empresarial, que tenga las siguientes y nuevas actitudes y aptitudes:

1 - El extensionista deberá estar consciente de que, en los países pobres, el modelo paternalista de desarrollo rural basado en créditos, subsidios y garantías oficiales de comercialización está agotado. Dicho modelo es una utopía que ya no tiene ninguna posibilidad real de ser llevada a la práctica.
El extensionista que ignore esta realidad fracasará en su misión como promotor del desarrollo rural, porque su accionar estará basado en recursos que no existen y en soluciones que los agricultores, sencillamente, no pueden adoptar. Países pobres con muchos agricultores también pobres necesitan de un agente de extensión que sepa "producir más y mejor con menos recursos"; un extensionista que sea capaz de ayudar a solucionar los problemas de los agricultores, contando inicialmente apenas con los recursos que ya están disponibles en sus fincas y comunidades; y no con los que sería deseable que estuviesen disponibles. Este es el principio básico para un extensionismo de resultados.

2 - El extensionista deberá partir de la premisa de que, entre estos recursos que están realmente disponibles, la familia rural es el más importante agente potencial de desarrollo rural y que su misión como educador consiste en transformar cada familia en un agente real de desarrollo (de su finca y de su comunidad). Para que esto sea posible la acción del extensionista deberá tener el siguiente objetivo: lograr que las propias familias rurales adquieran la voluntad y la capacidad de tomar, en sus propias manos, la corrección de sus ineficiencias y la solución de sus problemas. Teniendo en cuenta que los gobiernos no pueden "hacer todo por todos los agricultores siempre", el extensionista deberá ser consecuente con esta realidad y adoptar una estrategia de desarrollo que sea educativo-emancipadora. En las actuales circunstancias este es el único camino posible para que los agricultores se vuelvan:

• menos dependientes de las ayudas gubernamentales, por la elemental razón de que éstas son decrecientes o sencillamente porque ya no existen
• menos vulnerables a la acción expropiatoria de los provedores de insumos, acopiadores de las cosechas, agroindustrias e hipermercados; protestar porque los insumos son muy caros y las cosechas no tienen buenos precios no producirá, como de hecho no está produciendo, ningun resultado. Además de protestar, los agricultores deberán organizarse para reducir los eslabones de intermediación, tanto en la adquisición de los insumos como en la comercialización de sus cosechas
• menos afectados por los subsidios y medidas proteccionistas que los países ricos, desafortunadamente, se resisten a eliminar.

Los agricultores latinoamericanos necesitan de un extensionista que sepa aplicar el antídoto más eficaz contra las dependencias y vulnerabilidades recién descritas. Este antídoto es la eficiencia tecnológica y gerencial de los agricultores y la fortaleza organizativo-empresarial de sus comunidades. Este es el mejor "remedio" para una agricultura que prácticamente ya no cuenta con ayudas gubernamentales.

3 - El agente de extensión deberá estar consciente de que muchos problemas de los agricultores tienen su origen en sus propias fincas y comunidades y que por lo tanto, el extensionista no siempre necesita esperar que vengan ayudas materiales externas a ellas.
Sin embargo, deberá estar advertido de que la principal causa de estos problemas internos es la insuficiencia e inadecuacion de los conocimientos, habilidades y actitudes que poseen las familias rurales y no tanto la falta de recursos financieros y de decisiones políticas. Consecuentemente, las soluciones que él formule deberán depender mucho más de medidas técnico-educativas que político-crediticias. En su condición de profesional de ciencias agrarias y no de ciencias políticas, el extensionista deberá abordar, en primer lugar, aquellos problemas que son solucionables con las herramientas de su profesión, en vez de seguir esperando que otras instituciones contrarresten, a través de subsidios, las consecuencias y los efectos de las ineficiencias productivas y comerciales de la agricultura.

Como regla general, el extensionista deberá empezar a solucionar los problemas del agro desde adentro de las fincas y comunidades y no necesariamente desde afuera; desde abajo hacia arriba y no necesariamente desde arriba hacia abajo; desde lo micro y no desde lo macro; desde lo sencillo y no desde lo complejo. Deberá hacerlo iniciando con aquellas medidas que, al ser de bajo o cero costo, no necesariamente requieran de recursos adicionales a los que los agricultores ya poseen, ni de decisiones políticas de alto nivel. Poseyendo la actitud y la aptitud de descomplicar y desmitificar la complejidad de la problemática rural, el extensionista estará apto a solucionar los problemas, en vez de seguir apenas problematizando las soluciones.

4 - Con el fin de hacer factible la estrategia de desarrollo endógeno propuesta en el punto anterior, el extensionista deberá ser capaz de:

a - identificar los errores que los agricultores cometen, con mayor frecuencia, en la producción propiamente tal, en la administración de las fincas, en la adquisición de los insumos y en la comercialización de las cosechas, porque, como regla general son éstas---y no tanto la falta de politicas y de créditos---las principales causas de sus bajos ingresos. El agente de extensión deberá tener la objetividad y el pragmatismo de identificar, en primer lugar, aquellas ineficiencias que puedan ser corregibles y eliminables por los propios agricultores, pues de lo contrario de poco serviría identificarlas.

b - diagnosticar aquellos problemas que sean solucionables por las familias rurales, con una menor dependencia de aportes externos a las fincas. Los diagnósticos obsoletos que enfatizan los problemas que no son solucionables por los propios agricultores rebajan, en vez de elevar la autoestima de las familias rurales, y desestimulan en vez de estimular sus iniciativas. Dichos diagnósticos las conducen a la pasividad y al fatalismo, porque les dan una sensación de incapacidad e impotencia para transformar su realidad adversa. Un importante papel del extensionista moderno es exactamente el de simplificar la solución de los problemas, para demostrar a los agricultores que ellos mismos pueden resolverlos.

c - identificar aquellos problemas que suelen ser invisibles para los agricultores, tales como: costos ocultos, inversiones sobredimensionadas y recursos ociosos, actividades y/o gastos improductivos, tierras y animales con baja productividad, pérdidas durante y después de la cosecha, etc. Desafortunadamente estos problemas "invisibles" están muy generalizados en las fincas latinoamericanas. El extensionista deberá hacerlos "visibles" a los agricultores y luego de ello hacerlos solucionables por los propios agricultores.

d - identificar los recursos y potencialidades de desarrollo que ya están disponibles en las fincas y comunidades, priorizando su pleno y racional aprovechamiento, antes y/o en vez de identificar debilidades y restricciones, especialmente si éstas no pueden ser corregidas por el agricultor ni por el extensionista.
A modo de ejemplo, si el agricultor tiene una vaca que produce 4 litros de leche al día y un ternero a cada 22 meses (pudiendo producir 20 litros al dia y un ternero a cada 12 meses) la prioridad es producir forraje para alimentarla y mejorar su manejo sanitario y reproductivo, antes de adquirir vacas adicionales, porque de lo contrario lo más probable será que el productor se endeudará innecesariamente y las vacas adicionales apenas compartirán el hambre con la primera.

e - formular propuestas para resolver los problemas, a través de medidas que sean compatibles con las reales posibilidades de los agricultores en adoptarlas. De poco sirve que el extensionista proponga excelentes "recetas" si los agricultores no disponen de los "ingredientes" necesarios para llevarlas a la práctica. El agente de extensión deberá descomplicar los problemas para facilitar y hacer factible su solución.

f - saber ejecutar, con sus propias manos, las principales actividades y faenas agrícolas (sembrar, podar, regar, operar y regular maquinaria, inseminar, ordeñar, procesar y comercializar cosechas, etc). No es suficiente que el extensionista posea excelentes conocimientos teóricos sobre agricultura y desarrollo rural porque el agricultor recién le hará caso después que demuestre que sabe hacer cosas y solucionar problemas. ¿Cómo podrá enseñar a los agricultores la aplicación de una nueva tecnologia si él mismo no sabe ejecutarla?

Con este pragmatismo y con estas actitudes proactivas, el nuevo extensionista dejará de ser un simple reivindicador de soluciones y asumirá la función, mucho más fructífera y constructiva, de solucionador de los problemas existentes en las fincas y comunidades rurales. Este último es el extensionista que los agricultores realmente necesitan.

5 - El agente de extensión deberá tener la versatilidad necesaria para desempeñarse con agricultores de distintos niveles de disponibilidad de recursos productivos, pero muy especialmente con aquella gran mayoría de productores afectados por la adversidad físico-productiva y por la escasez de capital. Esta gran mayoria necesita de un extensionista que sea capaz de empezar la solución de sus problemas, aún cuando ella no tenga acceso:

• al crédito: existen muchas y muy eficaces tecnologias que para ser adoptadas no lo requieren
• a las semillas híbridas: empezando con buenas semillas de variedad
• a las raciones industrializadas: produciendo sus principales ingredientes y elaborándolas en la propia finca
• a la maquinaria moderna: constituyendo grupos para adquirirla y utilizarla en forma colectiva
• a los animales de alto potencial genético: la alimentación y el manejo sanitario y reproductivo pueden compensar, en parte, la baja calidad genética y
• a las garantías de comercialización: diversificando, escalonando y transformando o procesando la producción.

Este pragmatismo de "partir de lo posible para llegar a lo deseable" es prácticamente un imperativo para lograr el desarrollo rural con equidad, porque las seis restricciones recién mencionadas están presentes en la mayoría de las fincas latinoamericanas. Si no es capaz de actuar con este realismo, sencillamente no podrá ser extensionista en un país subdesarrollado, porque no estará en condiciones de responder a las necesidades de sus clientes, tal como ellos realmente son.

6 - El extensionista deberá priorizar la correcta aplicación de insumos intelectuales y tecnologías de procesos (el cómo hacer), por sobre los insumos materiales y las tecnologías de productos (el con qué hacer). Los primeros, al depender apenas de conocimientos, son de menor costo y no se gastan al ser aplicados, mientras que los segundos, al depender de recursos financieros y materiales, son de mayor costo y se gastan cada vez que se los utiliza. En países subdesarrollados, los agricultores y los gobiernos tienen una crónica insuficiencia de recursos financieros. A fin de que exista coherencia con esta importantísima restricción:

• los factores de desarrollo agrícola que son caros y escasos deberán ser un complemento en el proceso de modernización productiva y no un condicionante para empezarla o una excusa para no empezarla.
• el extensionista deberá gradualizar la solución de los problemas; esta gradualización podrá ser vertical (empezando a resolver los problemas de solución más facil y de más bajo costo) u horizontal (iniciando la tecnificación en pequeñas superficies o con pocos animales e ir avanzando hacia mayor cantidad de hectáreas y de animales ).

El documento de la FAO denominado "Desarrollo agropecuario: de la dependencia al protagonismo del agricultor" demuestra que la gradualidad propuesta en los puntos 3, 5 y 6 de este artículo es una estrategia altamente eficaz en la solución de los problemas más inmediatos de la mayoría de los agricultores; ella permite hacer posible lo que suele afirmarse que es imposible hacerlo: conciliar la eficiencia del negocio agrícola con la adversidad fisico-productiva, con la escasez de recursos financieros y con la ausencia de apoyo gubernamental. (Documento completo en formato PDF)

7 - Finalmente, el extensionista deberá tener una visión integral del negocio agrícola. Al visualizarlo en su conjunto comprenderá que el éxito económico del agricultor depende de que exista eficiencia y racionalidad en todas sus actividades y etapas: en la adquisición de insumos, en la producción propiamente tal y en el procesamiento y comercialización de los excedentes.
También comprenderá que algunas de éstas actividades o etapas sencillamente no pueden ser efectuadas, con eficiencia económica, si los agricultores las ejecutan en forma individual. Por esta razón el extensionista deberá partir de la premisa de que la agrupación de los pequeños productores es una medida imprescindible para que ellos puedan sobrevivir en la actividad agrícola. A través de dicha agrupación los propios agricultores podrán ir haciéndose cargo, en forma gradual, de otras etapas del negocio agrícola y con ello apropiarse de las ganancias que actualmente benefician a los agroindustriales y a los comerciantes. En otras palabras, la eficiencia no podrá ser parcial, tendrá que ser total o integral, en los apectos técnicos, gerenciales y organizativos; producir con eficiencia y altos rendimientos, por hectarea y por animal, es cada vez más imprescindible para sobrevivir en la agricultura, pero ya no es suficiente.

Para alcanzar este perfil más pragmático, más empresarial y más ejecutivo, descrito en los 7 puntos precedentes, los extensionistas no necesitan adquirir conocimientos muy profundos, complejos o sofisticados; conocimientos bastante elementales serán suficientes para que ellos puedan corregir los errores y solucionar los problemas (ambos generalmente también elementales), que ocurren con mayor frecuencia en la mayoría de las fincas y comunidades rurales. Por esta razón, en una primera etapa, la capacitación de los extensionistas no necesariamente deberá consistir en cursos muy teóricos y de larga duración que suelen alejarlos aún más, en vez de acercarlos, a la realidad concreta del sector productivo rural. Lo realmente importante es que los contenidos de la capacitación sean aplicables y eficaces en la solución de los problemas que ellos enfrentan con mayor frecuencia en sus labores cotidianas.

La "elementalidad" de los conocimientos que los extensionistas necesitan adquirir ofrece varias alternativas de capacitación, de muy bajo costo y reconocida eficacia. Entre otras las siguientes: cursos a distancia organizados por el SATER para que sus extensionistas practiquen el auto-estudio, ya sea a través de material impreso o accesando a las informaciones difundidas vía E-Mail e Internet; convenios con las facultades de ciencias agrarias y con los organismos de investigación; organización de pequeñas bibiliotecas y videotecas en las agencias locales o regionales de extensión rural; visitas a las estaciones experimentales, a los agricultores eficientes y a los grupos asociativos exitosos, a las agroindustrias, etc.

En resumen, es necesario y posible desmitificar la complejidad de la problemática rural y para ello se requiere, como primer paso, descomplicar los contenidos de los programas de capacitación de los extensionistas, reemplazando aquellos que son innecesariamente complejos, muy teóricos, abstractos y descontextualizados de la realidad rural, por otros más prácticos y utilizables por ellos en la solución de los problemas de las familias rurales. La descomplicación de los contenidos ayudará a descomplicar la solución de los problemas de los agricultores.

El extensionista que adquiera el perfil descrito en los 7 puntos precedentes será apto para solucionar los problemas más inmediatos que afectan a la mayoría de las familias rurales, aunque se mantengan todas las restricciones y adversidades que actualmente afectan a los agricultores.
Sin embargo, la referida capacitación será inocua si no se cumple el siguiente requisito, que también es elemental pero imprescindible: que el extensionista pueda actuar permanentemente en las fincas y comunidades rurales, porque es allá donde deberá enseñar a los agricultores a producir con eficiencia, produciendo con eficiencia; a corregir los errores que cometen los productores, corrigiéndolos junto con ellos; a solucionar los problemas, solucionándolos en terreno. Este requisito, que parece tan obvio, desafortunadamente no está presente en la mayoría de los SATER latinoamericanos. Por esta razón se requiere la corrección de la debilidad descrita a continuación.

B. El extensionista necesita permanecer en el campo; allá están los problemas y allá tendrán que ser resueltos

La falta de vehículos, combustibles y viáticos es otra importantísima causa del fracaso de la extensión rural. Inexplicablemente, durante las últimas décadas, esta debilidad fue subestimada y casi aceptada como si fuese aceptable. Esta restricción es tan grave que no puede ser tolerada ni aceptada. Ella debe y puede ser eliminada de inmediato. En primer lugar porque está produciendo un enorme daño a la eficacia de los SATER y a la eficiencia de los agricultores. En segundo lugar porque existen varias alternativas, de fácil adopción y reconocida eficacia, a través de las cuales ella puede ser eliminada. Es decir, no existen razones insuperables para seguir conviviendo con ella. Sin embargo, para hacerlo es necesario ingeniar soluciones innovadoras, que vayan más allá del cómodo camino de solicitar recursos adicionales al estado.

Si el SATER no puede proporcionar o financiar al extensionista la adquisición del vehículo convencional (motorizado de 4 ruedas), deberá actuar con realismo y adoptar otros medios de transporte que sean compatibles con sus disponibilidades presupuestarias o alternativamente deberá ofrecer estímulos para que el extensionista resida en la propia comunidad y no pierda su escaso tiempo haciendo largos recorridos por las carreteras.
Finalmente, si éstas alternativas no son aplicables, el SATER deberá adoptar la medida radical de reducir su estructura operativa y, con los ahorros obtenidos, disponer de los recursos necesarios para garantizar la permanencia de los extensionistas en terreno. Es muchísimo mejor tener 70 u 80 extensionistas solucionando los problemas en el campo que 100 burocratizando y frustrándose en las oficinas.

Mientras convivimos con este doble desperdicio, de tecnologías y de extensionistas, los agricultores fracasan exactamente porque les faltan las tecnologías y la presencia de los extensionistas en el campo.
Lo lamentable es que los empobrecidos gobiernos han hecho lo más caro y más difícil (generar las tecnologías y formar los extensionistas) y ahora desaprovechan esa valiosa inversión porque no propoporcionan las condiciones objetivas para que los extensionistas permanezcan en terreno.
La situación recién descrita produce la siguiente contradicción y paradoja: lo que en apariencia es una insuficiencia de recursos, en realidad es un desperdicio de éstos. Dicho desperdicio es provocado por el siguiente error, grave pero desafortunadamente muy generalizado en los SATER latinoamericanos: no respetar el límite, considerado como razonable, de gastar menos del 70% del presupuesto en salarios y contribuciones sociales. Cuando tal límite es ultrapasado, los extensionistas suelen permanecer recluidos en las oficinas; no tanto porque los recursos presupuestarios sean insuficientes, sino porque han sido mal utilizados, al ser destinados al pago de una excesiva cantidad de personal, ya sea técnico o administrativo.

C. Los SATER pueden ampliar su cobertura, aunque no reciban recursos adicionales

La adopción de las medidas sugeridas en los acápites A y B será suficiente para mejorar la eficacia del SATER, pero apenas en beneficio de aquella minoría de agricultores que ya está recibiendo algún tipo de asistencia, a través de los métodos convencionales adoptados por los actuales extensionistas. Sin embargo, dicha minoría es inferior al 10% de los productores de esta región.
En coherencia con sus reiterados planteamientos de promover el desarrollo rural con equidad, los gobiernos necesitan proporcionarla también al 90% de agricultores actualmente excluidos y, evidentemente, no disponen de recursos para decuplicar la cantidad de extensionistas y de vehículos. Contando apenas con los actuales extensionistas y utilizando los métodos convencionales, tampoco será posible ampliar la actual cobertura, de manera significativa. Por estas razones será necesario buscar otras alternativas más realistas e innovadoras, como por ejemplo: aumentar la cantidad de instituciones y personas que ejecuten y/o financien actividades de extensión rural y adicionalmente incrementar la productividad de estos nuevos extensionistas, y también de los antiguos. Con estos propósitos podrán ser adoptadas las siguientes medidas:

a. Incorporar para-técnicos en las actividades de los SATER; éstos con costos muy bajos, pueden producir un importante efecto multiplicador en las acciones de los actualmente insuficientes extensionistas, como por ejemplo: los maestros de las escuelas básicas rurales, los agricultores exitosos, los líderes rurales, los estudiantes de ciencias agrarias y los promotores de otras instituciones relacionadas con el desarrollo rural. Esto se justifica porque la mayoria de los agricultores comete errores primarios y tiene problemas elementales, para cuya solución no necesariamente se requiere de la intervención directa de un extensionista convencional; para-técnicos bien capacitados podrán prevenir, evitar, corregir y solucionar esos problemas más elementales.

b. Involucrar en sus actividades a otras instituciones que puedan ampliar y sinergizar las acciones de los SATER, como por ejemplo: cooperativas y asociaciones de agricultores, fabricantes de insumos y maquinaria, acopiadores y procesadores de las cosechas, etc. El éxito económico de todas ellas depende de que los agricultores mejoren su eficiencia productiva e incrementen sus ingresos. Por estas razones está en el interés de dichas instituciones, ejecutar o financiar las actividades de capacitación. Es evidente que los financiarán recién después de que los SATER corrijan sus actuales debilidades y les demuestren que al financiarlos estarán haciendo una inversión que les proporcionará buenas ganancias.

c. Establecer estímulos para que el sector privado constituya empresas de asesoramiento técnico.

Otro ejemplo de desperdicio de los escasos recursos públicos es el altísimo porcentaje de profesionales y técnicos en ciencias agrarias que actualmente están desempleados. Ello ocurre no porque los agricultores no necesiten de su asesoramiento, sino porque el perfil de dichos profesionales, muy teórico y disfuncional, es totalmente inadecuado a sus necesidades. Estos desempleados desearían y deberían recibir una capacitación que los habilitara a auto-emplearse, enseñando a los productores rurales "cómo ganar dinero haciendo una agricultura verdaderamente eficiente". A través de esta medida se solucionarían, simultáneamente, los problemas de los profesionales desempleados y los de los agricultores carentes de una eficiente asistencia técnica.

d. Incrementar y "eficientizar" el uso de los métodos y medios de extensión de mayor cobertura y eficacia, tales como las demostraciones de resultados, las parcelas o fincas demostrativas, las giras o excursiones técnicas, los días de campo, los programas radiales y televisivos, las páginas web, etc. Antes de solicitar recursos públicos adicionales para ampliar su cobertura, los SATER deberán utilizar, en la plenitud de sus potencialidades, los métodos y medios de bajo costo y de gran efecto multiplicador, que están disponibles y subutilizados, como por ejemplo la radio; desafortunadamente son poquísimos los extensionistas que aprovechan ese medio, a pesar de ser de bajo costo, fácil utilización y gran cobertura.

Una invitación a los extensionistas de todos los niveles jerárquicos (ejecutivos y ejecutores):

Como se ve, la extensión rural puede y debe constituirse en el más importante insumo de la agricultura moderna, con la condición de que su enorme potencialidad sea transformada en capacidad real de resolver los problemas existentes en el medio rural. Sin embargo, antes de solucionar los problemas de los agricultores y de la agricultura será necesario resolver los problemas de quienes se proponen solucionarlos, es decir, corregir las debilidades e ineficiencias de los SATER y, a través de una capacitación muy objetiva, práctica e instrumental, cambiar las aptitudes y las actitudes de los extensionistas.

Tal como se ha indicado en este artículo dicha corrección es factible de ser llevada a la práctica, con relativa facilidad. Sin embargo, es necesario que los propios extensionistas---ejecutivos y ejecutores---asuman como suya esta tarea, sin esperar que otros lo hagan. Los no extensionistas, que durante décadas han intentado hacerlo no han tenido éxito, por no poseer la imprescindible vivencia de la problemática agrícola y rural ni la idoneidad técnica que estas correcciones requieren.

Definitivamente, los extensionistas necesitan asumir esta tarea, pero deberán hacerlo innovando, descomplicando los problemas y las soluciones... y muy especialmente, actuando con mucho realismo y con mucha objetividad.

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ZOE Tecno-Campo